La taberna del mar: Un jardín en la parte de atrás

18 febrero 2008

Un jardín en la parte de atrás

Había una vez un colegio de una ciudad pequeña de provincias. El edificio estaba en el borde de la ciudad antigua y tenía dos puertas: una que comunicaba con el centro de la ciudad, por la que cada mañana entraban los hijos de los abogados, los médicos y los maestros, y otra trasera que daba a los barrios de los obreros. Sus hijos tenían que cruzar cada día una calle de cuatro carriles con un tráfico espantoso por un paso de cebra sin semáforos. Algunos acabaron allí sus cortas vidas.

En esa puerta trasera, había un terreno triangular lleno de cardos y escombros que pertenecía al ayuntamiento. Uno de los maestros, que habitualmente cuidaba el comedor, decidió dedicar ese tiempo que les quedaba libre a los niños que no iban a comer a casa, entre las clases de la mañana y la tarde, para enseñarles a cultivar un jardín. Recogieron los escombros, arrancaron los hierbajos, cavaron la tierra, la regaron y, finalmente, empezaron a plantar. Dedicaron una parte, la más externa, a poner plantas con flores: rosales, geranios, margaritas. Y en el interior, junto a la valla, los chavales aprendieron el milagro de la vida con las lentejas, las judías o los garbanzos que traían de casa y que rápido empezaban a germinar con sus altos tallos verdosos.

Así, los niños que cruzaban del otro lado, empezaron a presumir de jardín e incluso algunos padres del centro rodeaban el patio del colegio para ver aquellas lozanas margaritas y sentir la fragancia de las rosas.

Un día, el ayuntamiento comunicó a la dirección del colegio que ese terreno era suyo y que tenía previsto acondicionarlo para poner un jardín. La dirección, sorprendida, le hizo saber que ya había un jardín, y que los niños estaban encantados. Pero el ayuntamiento pensó que era peligroso, que estaba junto a la carretera, y que los niños no debían salir del recinto vallado del colegio.

A los dos meses, el jardín era de nuevo un estercolero lleno de hierbajos y, poco después, fue asfaltado. Una señora que miraba cada día desde su ventana a los muchachos trabajando con tanta ilusión, escribió varias cartas a los periódicos, y el ayuntamiento, algo avergonzado, concedió el título de ciudadano ejemplar al maestro. Pero el jardín ya era solo un trozo más de asfalto gris en una ciudad llena de asfalto gris.

Recuerdo la tarde de mayo en la que el maestro hizo cerrar las persianas de la clase: “Es para que os concentréis mejor, como en el cine”. Desde la calle llegaba el sonido de la excavadora que arrancaba las rosas y las plantas de tomates. Pero el maestro abrió un libro y comenzó a leerlo. Se llamaba “Corazón”.

Ese día supe que mi padre era un hombre especial y que el mundo era, en general, una mierda.

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12 Comentarios:

Anonymous Anónimo escribió...

Ciudadanos especiales, ayuntamientos hipócritas y el mundo, una mierda ejemplar, por eso hay que okupar las estercoleras. Bravo por tu padre.

2/18/2008 10:15:00 a. m.  
Blogger Gizela escribió...

¡Qué lindo José Luis!
El mundo es las dos cosas, una mierda y un lugar maravilloso que conocer
Porque el mundo no es abstracto, el mundo es: personas
Personas envueltas en mierda, como ese ayuntamiento y personas maravillosas como tu padre, como tú, que recuerdas la historia y la compartes, la esparces, para esparcir, eso, la sensibilidad
Y yo fervientemente creo que las personas que forman, la parte, linda, la parte consciente, maravillosa, son las que cada vez marcaran más la diferencia, en este mundo que a veces nos horroriza y otras nos maravilla
Un beso..
P.D...y sigues en deuda conmigo
El tiramisu, ¡esperando!

2/18/2008 11:48:00 a. m.  
Anonymous Ana escribió...

Corazón fue el primer libro libro que leí en mi vida, hasta entonces no había pasado de cuentos y libros con demasiadas ilustraciones...

Menos mal que en esta mierda de mundo hay gente como tu padre, no?

Me encantas como contador de historias. Tus poesías con la pera, pero como narrador me puedes.

Un beso a los dos taberneros y mis disculpas por estas abducciones de las que soy objeto.

2/18/2008 04:37:00 p. m.  
Blogger pon escribió...

No, el mundo no es una mierda. El mundo está lleno de maestros que plantan jardines con rosales, y cuando no hay jardines plantan semillas preciosas de oro en los niños leyéndoles "Corazón". Hay maestros que tienen hijos poetas y maestros que tienen un hijo en cada alumno, y maestros que te llevan de la mano subiendo montañas aunque no den clases en un aula ni falta que hace.
El mundo no es una mierda, es un jardín de tomates y margaritas que pervive debajo del asfalto. El mundo solo es la tierra donde germinan los rosales que plantan los maestros de provincias.

Salud, hijo del maestro.

2/18/2008 08:49:00 p. m.  
Blogger Max escribió...

Que historia José Luis.

Gente como este maestro hace que el mundo no sea una mierda total.

2/18/2008 10:16:00 p. m.  
Blogger Marga escribió...

La cara y la cruz de la moneda.

Esperanza truncada, eso no es justo. Pero la justicia no siempre triunfa.

Menos mal que tenemos personas como tú que nos recuerdan esos momentos tan hermosos.

Un besito

2/19/2008 12:24:00 a. m.  
Blogger Iña escribió...

pon dijo...
"El mundo solo es la tierra donde germinan los rosales que plantan los maestros de provincias."

Y yo no sé qué decir.

2/19/2008 12:53:00 a. m.  
Blogger José L. Serrano escribió...

Todos habeis escrito cosas preciosas hoy.

Pero me apunto la frase de Pon, como hace Iña

El mundo solo es la tierra donde germinan los rosales que plantan los maestros de provincias

2/19/2008 08:05:00 a. m.  
Anonymous enero20 escribió...

El mundo no es una mierda, lo malo de este mundo es que hay más cardos que rosas.

2/19/2008 05:37:00 p. m.  
Blogger Gizela escribió...

José Luis, yo recibí un regalo con unas instrucciones de pasarlo, no se bien como funciona, yo solo lo supe escribir de corazón, por favor pasa por el blog...hay algo para la Taberna del mar
besos Gizz

2/22/2008 03:25:00 a. m.  
Anonymous Anónimo escribió...

Acabo de llegar aquí tarde, tras enlazarme desde una noticia de arrumbamiento hoy de un huerto en Lavapiés en un solar del Ayuntamiento.
Qué bonita historia la de maestro y que bien referida por el hijo del maestro. Una vez el refrán se cumple: De tal palo tal astilla. Si alguien riega una mente (el maestro) siempre brota otra aún más feliz (el hijo del maestro). Lástima que el mundo sea tan burdo que no se de cuenta lo que vale vivir... y amar. Por eso, autoridades, dejad de tocar los cojones y ocupáos de los auténticos problemas para los que os hemos elegido.

5/27/2009 01:54:00 p. m.  
Blogger José L. Serrano escribió...

gracias anónimo

me ha escandalizado lo de Lavapiés y no he podido evitar acordarme de esta historia

beeeeeesos

5/27/2009 02:45:00 p. m.  

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