La taberna del mar

30 noviembre 2009

La última pera


Todavía sigo esperando
que crezca la última pera.
Pero ahora coloco el frutero
sobre la mesa
y me quedo mirándolo,
absolutamente concentrado,
todo el cuerpo inerme,
queriendo convertir en eternidad
este simple instante,
con la atención puesta en la penúltima pera,
callado, observando, alerta.
Del otro lado de la ventana
parece que llegan gritos,
tumulto en la calle,
redadas, torturas, dolor,
el postrero ataque histérico del poderoso,
mientras sigo en silencio
mirando la penúltima pera.
Cojo los pinceles y el lienzo
para dejar plasmado
el color mohoso de la fruta madura.

Cuando caiga del frutero
la última pera
y reviente contra el suelo,
en ese momento
dejaré los pinceles,
abriré la ventana
y disfrutaré del fin de los tumultos.

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23 noviembre 2009

Said es el chico más guapo de Tánger


Said es el chico más guapo de Tánger. Me mira desde la altura (casi uno noventa), con unos profundos ojos negros y unas larguísimas pestañas, con la elegancia de un príncipe persa. Desde la Terrasse des Paresseux en el centro de Tánger se ve la costa española, pero Said me mira a mí y me sonríe descarado. Se acerca a preguntarme la hora. No tiene más de veinte años. Cuando estoy solo tengo una especial habilidad para atraer a todo tipo de gente, que me cuenta sus penas o sus alegrías. Es por culpa de ese aire de iluminado, entre cura y psiquiatra, que me da la calva, ya me lo han dicho. Said me cuenta que es de Tetuán, que ha venido a jugar un partido de fútbol a Tánger. Es el portero. Como Iker Casillas, le digo, pero tú eres mucho más guapo. Sonríe, coqueto. Sus amigos se han ido a dormir al hotel, pero él se ha quedado paseando por el Boulevard Pasteur. Le gusta Tánger. Sobre todo le gusta ser anónimo en Tánger. Entre español, francés, inglés y las tres palabras que sé en árabe nos entendemos casi perfectamente. Pero mejor se entienden nuestros ojos, que se dicen todo.

Paseamos hacia la entrada de la Medina, por la rue de la Liberté. Ya hace horas que anocheció y ha parado de llover. Said lleva una mochila gris con la ropa de deporte, y se detiene en todos los escaparates. Me pregunta por España, por Madrid. Esa misma tarde, en la Kasbah, atravesando un agujero en la muralla, accedí a un promontorio desde el que se dominan los dos mares que bañan Tánger, y los dos continentes parece que se tocan, las dos aguas parece que se mezclan. Los muchachos se sientan en las rocas y miran las luces de Tarifa o Algeciras, echando de menos a los que se fueron. Alguno mira al oscuro mar, y seguro que piensa en los que no llegaron. “Camarades”, se llaman entre ellos, compañeros de tragedia. Cuando pensamos en el holocausto nazi siempre nos preguntamos cómo pudo pasar todo aquello en Alemania. ¿Nadie lo vio?. Algún día nuestros hijos también nos preguntarán por los alambres de espino, por las pateras, por los ahogados. ¿No lo visteis? ¿Cómo pudisteis permitir algo así? ¿Celebrabais vuestra libertad, gritabais que todo había acabado, que todo estaba conseguido, cuando a diez kilómetros la gente se mataba por entrar a la fiesta, por hurgar en los cubos de basura? Alguna vez tendremos que responder por todo esto.

Said vuelve a Tetuán a la mañana siguiente. Es bonito Tetuán, le digo. Con el cementerio que se derrama por la ladera, con los tejados blancos y las casas de color pastel, con los azulejos centelleantes de las mezquitas. Muy bonito, me dice con tristeza. “¿Tú, mañana, España?”. Y le brillan los ojos. Sí, yo mañana, Madrid. Pero es más bonito Tánger.

Siento alegría y pena por Said. Alegría porque vive en un país tranquilo e inocente. Porque aún puede comprar cigarrillos sueltos por la calle. Porque los chavalillos juegan tranquilos en las plazas y se toman zumos de naranja. Siento alegría por Said porque se ha acercado a mí con decisión, con osadía y descaro, sin el menor atisbo de culpabilidad ni de estar haciendo algo prohibido. Porque no va a tener demasiados problemas en encontrar lo que busca y que yo hoy no puedo darle. Porque es un chico guapo y hay muchas noches. Pero siento pena porque no sé qué va a pasar cuando cumpla unos años más, cuando sienta la presión, cuando tenga que casarse con una mujer.

Empieza a llover de nuevo y le digo a Said que me marcho. Me agarra la mano con fuerza y me desea suerte. Ya no veo en él ningún atisbo de tristeza, todo lo contrario. Quizá ha encontrado en mí lo que buscaba, después de todo. Sonríe y se pierde por los callejones oscuros de la medina, no sin volverse a saludar un par de veces. Yo doy media vuelta y echo a correr bajo la lluvia por los bulevares de la ciudad nueva. Tengo miedo de que Said no vaya a su hotel y en la trastienda de alguna cafetería del Zoco Chico hipoteque su vida por un pasaje a la felicidad. Tengo miedo de ver su cara en el telediario, temblando de frío en alguna playa, a las puertas de la fiesta.
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16 noviembre 2009

y sin embargo...


Sentado en el suelo
con las piernas cruzadas
haciendo el vacío en mi mente.
Borro los recuerdos,
desecho las cosechas
que me han dado los años,
no pensar, fuera distracciones,
olvidar, en esta cálida tarde de verano,
todo lo que has sido para mí,
expulsar de mi memoria
el más mínimo rastro tuyo,
decirte adiós, dos besos fugitivos
y tu alma entera que se me escapa
triste y pensativa.
Sentado en el suelo
con las piernas cruzadas
queriendo hacer el vacío en mi mente,
y sin embargo...

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12 noviembre 2009

La taberna del mar en Radio Blog Luz de Gas

En este enlace podéis descargar el archivo para oír el programa “Ebe y Ebe y vuelven a Ebe (Cool version)” de Radio Blog Luz de Gas. La última media hora, más o menos, está dedicada a La Taberna del Mar y sus borrachas habituales. Que os guste.

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05 noviembre 2009

A Nemat, que amó a los dieciséis años

Oirás palabras sucias en bocas ponzoñosas
que te dirán que lo que hicimos fue pecado.
Te escupirán seguramente,
y en sus ojos verás el odio de los envidiosos
y de los hipócritas,
de los que a solas, a oscuras, en sus casas,
lamentarán no haber conocido nunca
un solo instante luminoso,
una sola caricia verdadera.

Procurarán, bello Nemat,
a base de castigos indecentes,
que te arrepientas.

Pero sólo tú, bello Nemat,
en tu celda,
y sólo yo, aquí, tan lejos,
sabemos que no hay nada
de lo que arrepentirse,
porque la luz,
la última luz de otoño
acarició las sábanas,
porque en la mesa aún quedaban
los restos de los higos y las uvas maduras,
porque tu cuerpo caliente
y mi boca caliente
aún conservan el recuerdo indeleble
de una tarde de otoño eterna,
enfebrecida y plena, bello Nemat,
de gozosa juventud.


(Este poema fue leído en el Radio Blog Luz de Gas el día 4 de noviembre - se puede descargar el podcast, el poema está en el minuto 62, más o menos - y forma parte de las acciones "Los jueves por Nemat" llevadas a cabo en la blogosfera para salvar a Nemat Safavi, que lleva esperando ser ahorcado desde los dieciséis años en una cárcel iraní. Más información en La ciudad perdida de Nivorg)

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28 octubre 2009

La sombra del roble


Proyecta su sombra
una imagen difusa
sobre la pradera,
las ramas del roble
ofrecen a los insectos
un mapa de senderos retorcidos
para que sigan su camino
resguardados del ataque solar.
El tiempo casi detenido,
la calma del roble
y su sombra sostenida.
Los senderos retorcidos
se desplazan entre la hierba,
cambian sutilmente de lugar,
y en ellos, los insectos silenciosos
que continúan adelante en su camino.

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23 octubre 2009

Leo Messi

Leo Messi se llama Lionel
y nació en Rosario (Argentina).
Tiene una nariz grande y recta
(a veces, de perfil, se diría de un emperador romano).
A Leo le llaman la pulga, o el Messías,
pero yo le llamo Antinoo.
Tengo a Leo congelado en una pantalla de 42 pulgadas
y acaricio sus mejillas impúberes,
consciente (¿él o yo?) de que a su belleza
le quedan sólo un par de primaveras.

“Lionel”, le llamo y no responde.
“Antinoo”, le llamo y no responde.
“Pulga, Messías, Leo”

Nada.

Leo sufre problemas en su bíceps femoral
debido a un tratamiento hormonal que recibió
durante su infancia por una enfermedad
que afectaba a su crecimiento
(dice la wikipedia).

Pero no dice nada de su nariz recta,
de sus labios crueles
de su mirada turbia
de sus pómulos altos
de su cuello grueso
como un tronco de almendro.

“Lionel”, le llamo y no responde.
“Antinoo”, le llamo y no responde.
“Pulga, Messías, Leo”

Nada.

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19 octubre 2009

Estrella de la suerte



Estrella de buena suerte
que, al parecer, me guía
y yo sin enterarme.

Tranquilidad total
supuestamente, en mí,
de noche y de día.

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13 octubre 2009

Nuevo lenguaje


Nuevo lenguaje que desafíe,
tras las borrascas holgazanas
de alguna que otra tarde,
nuevo lenguaje que dé gracias
que acuse y asesine.
Nuevo lenguaje que no entienda nadie,
o al menos nadie de los que nunca entienden nada,
que deposite un leve polvo azul,
una finísima
capa
transparente.
Nuevo lenguaje que mienta
y que parezca que es mentira,
que revolotee entre los sombríos
senderos de los plátanos
junto al mar, por la tarde,
que justifique cuando nadie lo pida.
Nuevo lenguaje
que no necesite atar palabras
como quien ensarta cuentas en un hilo
para decir las cosas,
en el que la noche
se pueda convertir alguna vez
en planta carnívora y me coma.
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05 octubre 2009

Nubes, golondrinas


Hileras de nubes en poniente
al anochecer,
equilibrio luminoso del sol
que va a caer.

Golondrinas, ansiosas, tan negras
rasgando el aire,
en noches cálidas y calmas,
fragor demente.

Cuando, parsimoniosos, mis ojos
se cierran,
comienzan a huir en hileras, nubes
que me asedian.

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30 septiembre 2009

Final


Cerraron las ventanas de aquel apartamento
en el que aún se perciben
sus risas y suspiros de acalorada alcoba,
las tardes de limones y vino en el balcón,
¡esos atardeceres!,
la sal en los zapatos,
la arena entre las sábanas,
y un azulado olor a algas en el sofá.

Apagaron las luces,
cerraron los grifos,
comprobaron
que estaba ya cerrada la llave del gas.

En un cajón dejaron dos aletas,
una camisa rota manchada de lambrusco
y dos cajas de condones
que olvidaron (o no).

En la nevera, nada.
Poco en el baño:
un trozo de jabón
y seis maquinillas de afeitar desechables
que compraron la tarde de julio
en que se conocieron.

Salieron al pasillo
y echaron los cerrojos.

Tras la puerta, entre sombras,
dos semanas de gozo,
cincuenta y siete orgasmos
y una noche de insomnio, fiebre y pérdidas.

Ya en la calle,
uno se va hacia el norte,
el otro al sur.
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25 septiembre 2009

Leros


Cuando llegas a Leros, en cuanto te bajas del barco y pones pie en tierra, sabes que éste es el sitio, que aquí tenías que llegar tarde o temprano. En el mismo lugar en donde te ha dejado el trasbordador están los pescadores arreglando sus redes. Una población de calle única junto al mar, con las casas sobre el agua cristalina y los árboles casi en el propio mar. Tranquilidad, excepto en el único bar lleno de jóvenes, y saliendo de la plaza, la carretera que va bordeando la bahía. Hay varios golfos más en Leros, testigos mudos de batallas violentas a lo largo de la historia, tesoros codiciados por distintas civilizaciones. Pero hoy, sobre todo, azul: en las construcciones, en el cielo, en el mar. Aire y aguas transparentes. El placer de descubrir poco a poco la isla conduciendo una pequeña moto. Ensaladas y saganaki. Y unos baños marinos de miedo en las aguas saladas y templadas del Egeo. Aquí es a dónde tenías que llegar, a Leros, enseguida te has dado cuenta de ello.


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18 septiembre 2009

Folégandros (poema/mensaje en botella)


Te tumbaste a mi lado en la piscina.
Sé poco griego
pero en tu brazo
supe leer tu enorme tatuaje:
Folégandros.

Para mí ya Folégandros
no es la isla griega,
no es más el mar azul
ni las casitas cúbicas y blancas,
ni el mármol del Egeo,
es tu brazo blanco,
descolorido,
de eslavo pálido,
es tu bañador blanco,
blanco también,
como todo fue blanco aquella tarde blanca,
tu espalda rubia,
tus ojos azules somnolientos,
el bigotillo rubio que te acaricia el labio
y una tarde de agosto
en la piscina de la Casa de Campo.
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08 julio 2009

Vacaciones de palabras


Ahora, durante estos días y meses en los que las tabernas del mar que en el mundo existen crean puestos de trabajo y hasta se animan en época de crisis a bajar los precios para atraer a la lánguida clientela, en esta taberna nuestra sin embargo, los camareros dejan la barra, echan la persiana y se van por ahí, a contemplar el mundo y a disfrutarlo.

Así que barra libre hasta la vuelta.

26 junio 2009

Las voces del mar


MAITE DITUGUN OLERKARIAK
Organizado por la asociación HATSA


Sábado 27 de junio

9:15 Cita en Senpere-Larraldea

10:00 Excursión a pie, por Atxulegi (Ainhoa)

13:00 comida en Zugarramurdi

16:00 En Larraldea, recital de poesía de Jose M. Zendoia (poemas publicados en el blog Amuitz , y en esta Taberna del Mar, acompañados de fotografías y música)

17:00 Presentación de los siguientes libros
• “Zernahi izan eta ere” de Auxtin Zamora
• “Antologia poetikoa 1984-2009” de Koldo Zubeldia

Quedáis pues, invitados

(enlace al original)

(enlace en el Sud-Ouest)

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17 junio 2009

De palabras y flores


Si las flores nacen para marchitar
explosión de colores, estallido de olores,
ímpetu de vida en primavera.
Porque las flores nacen para marchitar.

Si las palabras se inventan para que callen
explosión de amores, estallido de ideas,
ímpetu de vínculos en la era humana.
Porque las palabras se inventan para que callen.

Flores de plástico a la venta en el chino.
Palabras de plástico en nuestras voces.

___________________(enlace al original)

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12 junio 2009

Milhojas con crema de limón


Creo que comparto con alguno de vosotros la afición, casi desmedida, hacia la repostería árabe. Esos sabores puros a almendra, azúcar, pistacho, agua de rosas... En Marrakech hay una pastelería muy cercana a la Plaza de Jmaa el Fna, en una calle muy ancha y peatonal que recuerda más al centro de cualquier ciudad europea que a un zoco árabe.

Milhojas con crema de limón.

El sabor a limones del desierto, la frescura de la crema, el hojaldre crujiente, los trocitos de almendra molida, el polvo de azúcar...

¿Por qué esperé hasta el tercer día para probarlas?

¿Cómo pude estar dos días completos en Marrakech sin comerme una o dos?

¿Qué voy a hacer ahora, sin las milhojas de crema de limón?
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08 junio 2009

Interludios


Llegan las olas, de una en una, rompen de una en una, y las olas vierten su espuma sobre mi playa, de una en una, día a día, continuamente, sean grandes o más pequeñas, siguen llegando las olas, y rompen, y desaparecen.

Si no existieran las olas yo nunca hubiese escrito una sola palabra, pero no porque no existieran las olas sino porque si no hubiera olas nadie las habría descrito, y por tanto, aún no existiría la literatura.

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03 junio 2009

Los jardines del Aguedal


Tras visitar los jardines Majorelle (que pertenecieron a Yves Saint-Laurent y antes al pintor que les da nombre) lo único que se viene a la cabeza es que hay personas que han hecho de crear belleza el motivo fundamental de sus vidas, y otros que sólo saben crear fealdad. Uno sale de allí con ganas de desenterrarlos de sus tumbas y besar sus nobles calaveras, que decía el poeta.

Y sin embargo sólo se oye hablar de los jardines del Aguedal.

Los jardines del Aguedal”, “los jardines del Aguedal”, repiten los muchachos de Marrakech cuando les preguntas qué visitar. Desde los mechuar del palacio real, un larguísimo camino conduce a los famosos jardines y los domingos, se convierte en un reguero de gente que va y viene en moto (cuatro y cinco personas subidos como media), en bici o caminando.

En los jardines del Aguedal hay sombra y árboles”, “Hay peces de colores”, “Hay mucha gente y chicas guapas bajo los olivos”, “Por allí corre el agua como por los jardines del Paraíso”.

Pero los famosos jardines no son más que unos huertos de olivos extramuros con acequias para el riego y un camino polvoriento que conduce a las ruinas de lo que quizá fuera un antiguo palacio campestre. Tras las ruinas, en un estanque cenagoso se revuelven unas enormes y glotonas carpas doradas que intentan comerse los trozos de pan que les arrojan los muchachos, que miran con los ojos brillantes de regocijo las acuosas y desenfrenadas piruetas de los peces.

Y sin embargo, en la mirada de esos niños descubre uno que probablemente no haya nada en el mundo que les guste más que los jardines del Aguedal. Que pasan la semana pensando en esa tarde de domingo en la que su madre o sus hermanos, o su abuelo, o su padre o si tío les acompañará al estanque, les comprará una bolsita de migas de pan y se sentará junto a ellos hasta que el sol se oculte tras las polvorientas palmeras, allí, lejísimos.

Luego volverán (en moto, con suerte), por el camino oscurecido y soñarán con las carpas hasta el domingo siguiente.

Eso me llevo de Marrakech, el placer de lo simple, la belleza de lo ingenuo, la felicidad de lo puro. Y el horrible presentimiento de que acabaré reconociendo alguna de las caras de los muchachos del Aguedal entre los desgraciados que devuelve el mar a una playa de Cádiz.

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29 mayo 2009

Estudio


Te acostumbras a la rutina,
de pronto todo desaparece
(a veces)
ocasionalmente todo a borbotones
(otras veces)
y te sobran los verbos
(podría ser)
y luego todo está de más
(así es)
y no te puedes acostumbrar a la rutina
porque las cosas cambian,
para decir la próxima frase
de todas las palabras solamente
las que nunca y de ellas
al papel sólo las que no pero imposible
porque las páginas límites en ambos lados,
y arriba, y en la parte de abajo,
entonces una larga oración sin sentido,
porque cómo, no más que
un experimento inconsciente tras
del escritor sublime,
después el cursor
para las locuciones que a menudo
(en adelante eliminado).
Dentro: emoción.
Ser

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25 mayo 2009

Jemaa el Fna


Cuando se acerca el final de la tarde en Marrakech, la plaza ruge con los timbales, y la vibración atrae al viajero que indefectiblemente acaba por claudicar ante su magnetismo. Ya esté en un zoco perdido en los confines de la Medina, de la Kasbah o de la Mellah, o en un Macdonalds de Gueliz, un poder hipnótico le arrastra hasta la gigantesca plaza. “Reunión de muertos”, dicen que significa su nombre. Nada más sorprendente: sólo hay vida en Jemaa el Fna.

Porque se puede hacer de todo en Jemaa el Fna: pescar botellas de coca cola con una caña de cuyo sedal cuelga un arito de madera, pasar un paquete de tabaco de un vaso a otro ayudado por dos largas varas, o derribar dos bolos con un balón de fútbol, o pesarse en una báscula roída, tomar un zumo de naranja o un vaso de agua fresquita (mejor que no), ver las evoluciones de los acróbatas, sacarse una muela o apretar con la mano izquierda en un aparato que medirá tu fuerza (ante las risas o la admiración de la concurrencia), pisar una cobra del desierto si andas descuidado, o encontrarse con un horrible mono subido en tus hombros y tirándote del pelo, o pedirle a una de las señoras bereberes (las únicas mujeres de la plaza que no son turistas) que te hagan una obra maestra con henna en la piel. Un curandero con barba blanca y gafas de pasta y cristal verde te explicará con un muñeco de los que se usaban en clase de anatomía cuáles son tus males, y te dará allí mismo la receta y la medicina.

Los tribus del desierto llenan la noche con sus cantos y timbales, con sus flautas, y sólo se detienen cuando el rezo desde los minaretes se desparrama por la noche africana y la plaza se apacigua unos pocos minutos.

Entre los corrillos que se forman deambula algún chapero oliendo a pegamento, y algunos respetables señores con chilaba que acaban de salir de la mezquita y que casualmente siempre están en todos los tumultos, en todos los apretones, con las manos bien preparadas para tocar lo que se ponga por delante.

También se puede comer en los innumerables puestecillos que aparecen mágicamente de la nada y acaban ocupando media plaza, con sus luces estridentes y sus largos bancos de madera, llenando el aire de fuego y humo y ruido. Los cocineros, inmaculadamente vestidos de blanco, se arremolinan alrededor de las parrillas, asando brochetas, pescado, cabezas de cordero, cociendo huevos, untando trozos de pan, sirviendo té.

Pero no es sólo eso: hay algo mucho más profundo y atrayente, mucho más poderoso. Algo por lo que los habitantes de Marrakech acuden cada tarde a la plaza y asisten boquiabiertos al espectáculo más antiguo del mundo.

Porque no hay nada comparable al poder que tienen los contadores de historias.

Entonces me acuerdo de Juan Goytisolo y de todo lo que me había hecho soñar con esta plaza, de todo lo que me había hecho desear estar allí una noche fresca y perfumada bajo esa luna de plata. Ahora sueño con volver.



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20 mayo 2009

Vomitona


Hay momentos en que siento ganas de vomitar,
y al realizar el esfuerzo abdominal
surgen colores de mi interior,
límpidos y cristalinos.
Observo lo que cae
a la taza del váter:
con el amarillo
siento que baja
el odio acumulado,
las aguas son naranjas cuando ahogan
y el azul
me ha irritado la garganta.
Después todo se amorata,
y un rayo de esperanza
estalla exactamente
sobre la casa del enemigo.
Entonces vuelve la calma
como si me hubiera tomado una manzanilla.
Transparente.

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15 mayo 2009

Diecinueve poemas escritos en dos horas (19)



A veces pienso
en todo el tiempo que perdí
antes de conocerte
y me salen diecinueve poemas
en dos horas.

Poemas o lo que sea.

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11 mayo 2009

Ven conmigo


Era verde la piel
pero iba camino de hacerse amarilla,
era blanco el tesoro,
oculto bajo la negra piel.
Y a pesar de todo sabíamos
que el único color era el marrón.

Aprendimos a mirar
a las ventanas de cocinas iluminadas,
leímos la lista de hierbas
que curaban todos los males.

Como encontrar el paraíso
en un manual de jardinería
o dar con las drogas más activas
en un vademécum obsoleto,
así resultó el viaje
y así el regreso,
pero se nos hizo tarde
y para cuando nos quisimos dar cuenta
andábamos tras una imagen
a última hora de la noche,
extraviados y sin rumbo.

______________(enlace al original)

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06 mayo 2009

Diecinueve poemas escritos en dos horas (18)


me has regalado un astrolabio
pero no vale para cascar las nueces
así que lo he colgado en el baño
para cuando tengamos huéspedes

al atardecer
el astrolabio resplandece
y su luz fluorescente
se cuela por debajo de la puerta

me has regalado un astrolabio
pero no vale para cascar las nueces
así que me he comido las nueces
sin cascar
y he puesto el astrolabio
en el microondas
(don’t try this at home)
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01 mayo 2009

El laberinto del tiempo

En el laberinto del tiempo
la meta a la que has de llegar
no es más que un instante,
el instante que te libere de la confusión.
En cada encrucijada
no sabes si seguir hacia delante
o rehacer el camino hacia atrás,
escoger hacia un lado o hacia el otro...
No sabes dónde estaba el futuro,
dónde verás el tiempo pretérito.
Eres incapaz de encontrar
la galería que rodea
el porvenir y el pasado.
No sabías que mañana te bañas en el mar,
no sabrás que ayer te mojas bajo la lluvia.
En el laberinto del tiempo no hay tiempo.
Por eso estás ahí perdido
desde siempre, hasta siempre.
Por eso estás ahora,
sólo eso sabes ahora.

_________________(enlace al original)

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27 abril 2009

Diecinueve poemas escritos en dos horas (17)


entre el sándalo de claves agotadas
soporíferas veredas invernales
agonizando entre los platanales
sabiamente descubres
que tras el fulgor verdoso
de la jungla
me escondo,
que los cristales de la ventana
despiden un azulado reflejo
y que mi carne amoratada
por ese azul reflejo
está a la vez fría y caliente
muerta y viva
como esta tarde de diciembre.
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22 abril 2009

Ahógalos


Escúchalo,
escucha el silencio.
Escúchalos,
escucha los sonidos.
Míralo,
mira el silencio negro.
Míralos,
mira los sonidos nocturnos.
Ahógalo,
ahoga el negro silencio seco.
Ahógalos,
ahoga los nocturnos sonidos ásperos.
Que no sean ellos quienes te ahoguen,
ahógalos en el agua que fluye sonora.

________________(enlace al original)

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17 abril 2009

Diecinueve poemas escritos en dos horas (16)

y los dedos que se me escapan
que se ponen locos a teclear
destrozando
pulsando
borrando hasta los nombres de las letras
(¿qué será una letra sin nombre?)
y golpean y golpean
como al dictado
de alguien
o de algo
que se esconde
y me dejo llevar
y lo que sea que hay detrás
me impulsa a decir esto,
a decir que no hay nada,
a decir que hay algo que
me dice que diga que no hay nada
y golpeo
y golpeo
y se van borrando las letras del teclado
y se queda vacío
solo letras negras sin nombre
se borra la m
y luego la n
enseguida la l
y la a


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08 abril 2009

Diecinueve poemas escritos en dos horas (15)



Que después de tantos años
aún sea tan pánfilo,
tan inocente siempre:
me sorprende.
Que haya mantenido intacta
mi capacidad de asombro:
eso me asombra.

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