La taberna del mar

26 junio 2009

Las voces del mar


MAITE DITUGUN OLERKARIAK
Organizado por la asociación HATSA


Sábado 27 de junio

9:15 Cita en Senpere-Larraldea

10:00 Excursión a pie, por Atxulegi (Ainhoa)

13:00 comida en Zugarramurdi

16:00 En Larraldea, recital de poesía de Jose M. Zendoia (poemas publicados en el blog Amuitz , y en esta Taberna del Mar, acompañados de fotografías y música)

17:00 Presentación de los siguientes libros
• “Zernahi izan eta ere” de Auxtin Zamora
• “Antologia poetikoa 1984-2009” de Koldo Zubeldia

Quedáis pues, invitados

(enlace al original)

(enlace en el Sud-Ouest)

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17 junio 2009

De palabras y flores


Si las flores nacen para marchitar
explosión de colores, estallido de olores,
ímpetu de vida en primavera.
Porque las flores nacen para marchitar.

Si las palabras se inventan para que callen
explosión de amores, estallido de ideas,
ímpetu de vínculos en la era humana.
Porque las palabras se inventan para que callen.

Flores de plástico a la venta en el chino.
Palabras de plástico en nuestras voces.

___________________(enlace al original)

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12 junio 2009

Milhojas con crema de limón


Creo que comparto con alguno de vosotros la afición, casi desmedida, hacia la repostería árabe. Esos sabores puros a almendra, azúcar, pistacho, agua de rosas... En Marrakech hay una pastelería muy cercana a la Plaza de Jmaa el Fna, en una calle muy ancha y peatonal que recuerda más al centro de cualquier ciudad europea que a un zoco árabe.

Milhojas con crema de limón.

El sabor a limones del desierto, la frescura de la crema, el hojaldre crujiente, los trocitos de almendra molida, el polvo de azúcar...

¿Por qué esperé hasta el tercer día para probarlas?

¿Cómo pude estar dos días completos en Marrakech sin comerme una o dos?

¿Qué voy a hacer ahora, sin las milhojas de crema de limón?
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08 junio 2009

Interludios


Llegan las olas, de una en una, rompen de una en una, y las olas vierten su espuma sobre mi playa, de una en una, día a día, continuamente, sean grandes o más pequeñas, siguen llegando las olas, y rompen, y desaparecen.

Si no existieran las olas yo nunca hubiese escrito una sola palabra, pero no porque no existieran las olas sino porque si no hubiera olas nadie las habría descrito, y por tanto, aún no existiría la literatura.

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03 junio 2009

Los jardines del Aguedal


Tras visitar los jardines Majorelle (que pertenecieron a Yves Saint-Laurent y antes al pintor que les da nombre) lo único que se viene a la cabeza es que hay personas que han hecho de crear belleza el motivo fundamental de sus vidas, y otros que sólo saben crear fealdad. Uno sale de allí con ganas de desenterrarlos de sus tumbas y besar sus nobles calaveras, que decía el poeta.

Y sin embargo sólo se oye hablar de los jardines del Aguedal.

Los jardines del Aguedal”, “los jardines del Aguedal”, repiten los muchachos de Marrakech cuando les preguntas qué visitar. Desde los mechuar del palacio real, un larguísimo camino conduce a los famosos jardines y los domingos, se convierte en un reguero de gente que va y viene en moto (cuatro y cinco personas subidos como media), en bici o caminando.

En los jardines del Aguedal hay sombra y árboles”, “Hay peces de colores”, “Hay mucha gente y chicas guapas bajo los olivos”, “Por allí corre el agua como por los jardines del Paraíso”.

Pero los famosos jardines no son más que unos huertos de olivos extramuros con acequias para el riego y un camino polvoriento que conduce a las ruinas de lo que quizá fuera un antiguo palacio campestre. Tras las ruinas, en un estanque cenagoso se revuelven unas enormes y glotonas carpas doradas que intentan comerse los trozos de pan que les arrojan los muchachos, que miran con los ojos brillantes de regocijo las acuosas y desenfrenadas piruetas de los peces.

Y sin embargo, en la mirada de esos niños descubre uno que probablemente no haya nada en el mundo que les guste más que los jardines del Aguedal. Que pasan la semana pensando en esa tarde de domingo en la que su madre o sus hermanos, o su abuelo, o su padre o si tío les acompañará al estanque, les comprará una bolsita de migas de pan y se sentará junto a ellos hasta que el sol se oculte tras las polvorientas palmeras, allí, lejísimos.

Luego volverán (en moto, con suerte), por el camino oscurecido y soñarán con las carpas hasta el domingo siguiente.

Eso me llevo de Marrakech, el placer de lo simple, la belleza de lo ingenuo, la felicidad de lo puro. Y el horrible presentimiento de que acabaré reconociendo alguna de las caras de los muchachos del Aguedal entre los desgraciados que devuelve el mar a una playa de Cádiz.

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29 mayo 2009

Estudio


Te acostumbras a la rutina,
de pronto todo desaparece
(a veces)
ocasionalmente todo a borbotones
(otras veces)
y te sobran los verbos
(podría ser)
y luego todo está de más
(así es)
y no te puedes acostumbrar a la rutina
porque las cosas cambian,
para decir la próxima frase
de todas las palabras solamente
las que nunca y de ellas
al papel sólo las que no pero imposible
porque las páginas límites en ambos lados,
y arriba, y en la parte de abajo,
entonces una larga oración sin sentido,
porque cómo, no más que
un experimento inconsciente tras
del escritor sublime,
después el cursor
para las locuciones que a menudo
(en adelante eliminado).
Dentro: emoción.
Ser

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25 mayo 2009

Jemaa el Fna


Cuando se acerca el final de la tarde en Marrakech, la plaza ruge con los timbales, y la vibración atrae al viajero que indefectiblemente acaba por claudicar ante su magnetismo. Ya esté en un zoco perdido en los confines de la Medina, de la Kasbah o de la Mellah, o en un Macdonalds de Gueliz, un poder hipnótico le arrastra hasta la gigantesca plaza. “Reunión de muertos”, dicen que significa su nombre. Nada más sorprendente: sólo hay vida en Jemaa el Fna.

Porque se puede hacer de todo en Jemaa el Fna: pescar botellas de coca cola con una caña de cuyo sedal cuelga un arito de madera, pasar un paquete de tabaco de un vaso a otro ayudado por dos largas varas, o derribar dos bolos con un balón de fútbol, o pesarse en una báscula roída, tomar un zumo de naranja o un vaso de agua fresquita (mejor que no), ver las evoluciones de los acróbatas, sacarse una muela o apretar con la mano izquierda en un aparato que medirá tu fuerza (ante las risas o la admiración de la concurrencia), pisar una cobra del desierto si andas descuidado, o encontrarse con un horrible mono subido en tus hombros y tirándote del pelo, o pedirle a una de las señoras bereberes (las únicas mujeres de la plaza que no son turistas) que te hagan una obra maestra con henna en la piel. Un curandero con barba blanca y gafas de pasta y cristal verde te explicará con un muñeco de los que se usaban en clase de anatomía cuáles son tus males, y te dará allí mismo la receta y la medicina.

Los tribus del desierto llenan la noche con sus cantos y timbales, con sus flautas, y sólo se detienen cuando el rezo desde los minaretes se desparrama por la noche africana y la plaza se apacigua unos pocos minutos.

Entre los corrillos que se forman deambula algún chapero oliendo a pegamento, y algunos respetables señores con chilaba que acaban de salir de la mezquita y que casualmente siempre están en todos los tumultos, en todos los apretones, con las manos bien preparadas para tocar lo que se ponga por delante.

También se puede comer en los innumerables puestecillos que aparecen mágicamente de la nada y acaban ocupando media plaza, con sus luces estridentes y sus largos bancos de madera, llenando el aire de fuego y humo y ruido. Los cocineros, inmaculadamente vestidos de blanco, se arremolinan alrededor de las parrillas, asando brochetas, pescado, cabezas de cordero, cociendo huevos, untando trozos de pan, sirviendo té.

Pero no es sólo eso: hay algo mucho más profundo y atrayente, mucho más poderoso. Algo por lo que los habitantes de Marrakech acuden cada tarde a la plaza y asisten boquiabiertos al espectáculo más antiguo del mundo.

Porque no hay nada comparable al poder que tienen los contadores de historias.

Entonces me acuerdo de Juan Goytisolo y de todo lo que me había hecho soñar con esta plaza, de todo lo que me había hecho desear estar allí una noche fresca y perfumada bajo esa luna de plata. Ahora sueño con volver.



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20 mayo 2009

Vomitona


Hay momentos en que siento ganas de vomitar,
y al realizar el esfuerzo abdominal
surgen colores de mi interior,
límpidos y cristalinos.
Observo lo que cae
a la taza del váter:
con el amarillo
siento que baja
el odio acumulado,
las aguas son naranjas cuando ahogan
y el azul
me ha irritado la garganta.
Después todo se amorata,
y un rayo de esperanza
estalla exactamente
sobre la casa del enemigo.
Entonces vuelve la calma
como si me hubiera tomado una manzanilla.
Transparente.

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15 mayo 2009

Diecinueve poemas escritos en dos horas (19)



A veces pienso
en todo el tiempo que perdí
antes de conocerte
y me salen diecinueve poemas
en dos horas.

Poemas o lo que sea.

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11 mayo 2009

Ven conmigo


Era verde la piel
pero iba camino de hacerse amarilla,
era blanco el tesoro,
oculto bajo la negra piel.
Y a pesar de todo sabíamos
que el único color era el marrón.

Aprendimos a mirar
a las ventanas de cocinas iluminadas,
leímos la lista de hierbas
que curaban todos los males.

Como encontrar el paraíso
en un manual de jardinería
o dar con las drogas más activas
en un vademécum obsoleto,
así resultó el viaje
y así el regreso,
pero se nos hizo tarde
y para cuando nos quisimos dar cuenta
andábamos tras una imagen
a última hora de la noche,
extraviados y sin rumbo.

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06 mayo 2009

Diecinueve poemas escritos en dos horas (18)


me has regalado un astrolabio
pero no vale para cascar las nueces
así que lo he colgado en el baño
para cuando tengamos huéspedes

al atardecer
el astrolabio resplandece
y su luz fluorescente
se cuela por debajo de la puerta

me has regalado un astrolabio
pero no vale para cascar las nueces
así que me he comido las nueces
sin cascar
y he puesto el astrolabio
en el microondas
(don’t try this at home)
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01 mayo 2009

El laberinto del tiempo

En el laberinto del tiempo
la meta a la que has de llegar
no es más que un instante,
el instante que te libere de la confusión.
En cada encrucijada
no sabes si seguir hacia delante
o rehacer el camino hacia atrás,
escoger hacia un lado o hacia el otro...
No sabes dónde estaba el futuro,
dónde verás el tiempo pretérito.
Eres incapaz de encontrar
la galería que rodea
el porvenir y el pasado.
No sabías que mañana te bañas en el mar,
no sabrás que ayer te mojas bajo la lluvia.
En el laberinto del tiempo no hay tiempo.
Por eso estás ahí perdido
desde siempre, hasta siempre.
Por eso estás ahora,
sólo eso sabes ahora.

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27 abril 2009

Diecinueve poemas escritos en dos horas (17)


entre el sándalo de claves agotadas
soporíferas veredas invernales
agonizando entre los platanales
sabiamente descubres
que tras el fulgor verdoso
de la jungla
me escondo,
que los cristales de la ventana
despiden un azulado reflejo
y que mi carne amoratada
por ese azul reflejo
está a la vez fría y caliente
muerta y viva
como esta tarde de diciembre.
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22 abril 2009

Ahógalos


Escúchalo,
escucha el silencio.
Escúchalos,
escucha los sonidos.
Míralo,
mira el silencio negro.
Míralos,
mira los sonidos nocturnos.
Ahógalo,
ahoga el negro silencio seco.
Ahógalos,
ahoga los nocturnos sonidos ásperos.
Que no sean ellos quienes te ahoguen,
ahógalos en el agua que fluye sonora.

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17 abril 2009

Diecinueve poemas escritos en dos horas (16)

y los dedos que se me escapan
que se ponen locos a teclear
destrozando
pulsando
borrando hasta los nombres de las letras
(¿qué será una letra sin nombre?)
y golpean y golpean
como al dictado
de alguien
o de algo
que se esconde
y me dejo llevar
y lo que sea que hay detrás
me impulsa a decir esto,
a decir que no hay nada,
a decir que hay algo que
me dice que diga que no hay nada
y golpeo
y golpeo
y se van borrando las letras del teclado
y se queda vacío
solo letras negras sin nombre
se borra la m
y luego la n
enseguida la l
y la a


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08 abril 2009

Diecinueve poemas escritos en dos horas (15)



Que después de tantos años
aún sea tan pánfilo,
tan inocente siempre:
me sorprende.
Que haya mantenido intacta
mi capacidad de asombro:
eso me asombra.

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03 abril 2009

El fluir de las letras



Al igual que la fila de hormigas cuando la obstaculizo, así el fluir de las letras que cambian de lugar, pero no se detienen.

Si revuelvo la tierra o la remojo, jamás llegaré al infinito, y sin embargo, hasta el otro lado del límite de mi acción llegará la fila de hormigas, cambiada de sitio pero no interrumpida. Así el fluir de las letras...

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30 marzo 2009

Diecinueve poemas escritos en dos horas (14)


delirando agónicos estertores de perlas inexactas
ingrávidos antagonistas de cuencas perfumadas y vacías
de solitarias veredas entre insepultas azucenas
que furibundas destejen y destejen noches de
negro y de desdén
hasta que refulgentes
trascendentes
opacos
y olvidados
volvemos suavemente
dejándonos caer
desde las elevadas
maltratadas
agostadas
fracasadas
cumbres.
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25 marzo 2009

El árgoma y el mar


Cuando va a empezar la primavera
brilla la flor del árgoma
en los acantilados que caen al mar
y su color amarillo
desea dominar la plata del océano.

Esperas tumbado sobre la hierba
mientras miro hacia la luz,
porque me quedo atrapado en este resplandor
de los últimos ocasos invernales,
que irá aumentando a partir de hoy
y que trae consigo fuerza y pasión.

Esperas sentado en una de las mesas del prado
mientras permanezco ensimismado,
con la mirada clavada en el infinito,
en el límite de la amargura,
al otro lado de la esperanza.

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20 marzo 2009

Diecinueve poemas escritos en dos horas (13)


te vas
y vuelves
y te vas
y todo al mismo tiempo
te siento cerca y al momento te vas
como las liebres por el monte
paralizadas al sol delante del arroyo
y un segundo después
corriendo entre las rocas a esconderse
te me escurres entre las manos
como agua
y te estrellas contra el suelo
desapareces
como la llama de la vela
que titila
titila
titila
y se extingue
dejando un leve olor
a humo azulado
y un rastro que se pierde hacia
el techo
hacia arriba
y se expande
y se deslíe
hasta que desaparece.

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16 marzo 2009

Corrientes de aire


Corrientes de aire
que se desplazan por los pasillos
y ascienden por las escaleras
arrastrando motas de polvo
y restos de escayola
desprendidos de las húmedas paredes.

Corrientes de aire
que regeneran el oxígeno
mientras se llevan las lágrimas
derramadas durante tantos años
entre estas cortinas que bailan
y las puertas que de pronto
se cierran dando un golpe.

Y al cerrarse las puertas
se detiene la corriente,
se deposita el polvo sobre los muebles,
retorna el olor a cerrado
y se envicia el aire.

Hasta que volvemos a abrir
puertas y ventanas.

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11 marzo 2009

Diecinueve poemas escritos en dos horas (12)


Pasa la tarde entre un tictac
de horas que caen mojadas
en un charco.
Las recojo y las pongo a secar
sobre los radiadores:
me da miedo que algún día
no haya horas
(ni siquiera horas desesperadas
como las de hoy
en que te espero).
Pasa la tarde y hasta nieva
de tanto como espero
y la nieve cubre
las sucias y grisáceas callejuelas.
Y en un rincón,
un remolino de hojas
y papeles
que no cesa de dar vueltas.
Y bajo con una escoba
y un recogedor
y me pongo a barrerlo
para no verlo ya más
dar tanta vuelta,
para no verlo nunca
dar más vueltas,
para no tener que esperarte
viendo vueltas y vueltas
y más vueltas,
y el tictac,
y las horas que se escurren
y se van
y se acaban.

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04 marzo 2009

Diecinueve poemas escritos en dos horas (11)


Voy al comedor
y tú te marchas a la cocina,
voy a la cocina y ya te has ido.
Paseamos por la casa como fantasmas
pero mis cadenas son mucho más pesadas
y hacen ruido.
Tras las cortinas,
ráfagas de aire helado
y la ventana abierta
y un patio con baldosas mojadas
y cuerdas de tender la ropa.
Y pienso en el peso de un cuerpo
sobre las cuerdas,
y en su rebote
y en la trayectoria
e imagino a un muñeco de esos sin cara
un dummie
de los que usan en los experimentos
de accidentes de coche
rebotando
de poyete en poyete
de cuerda en cuerda
de tejadillo en tejadillo.

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02 marzo 2009

¡Ahí va!


Ahí va, como volando en el aire.
Alargas el brazo
y también todos los dedos,
un rápido movimiento de mano
y ¡zas!,
lo atrapas en un instante,
en el segundo preciso,
cierras la palma
y ahí lo tienes,
sólo para ti.
Has logrado sujetar
el mundo entero,
aunque no ocupe espacio.
Cuando extiendes la mano
la llevas delante de tu rostro,
soplas un poco
y pones de nuevo el mundo entero
como volando en el aire.

_______________(enlace al original)

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27 febrero 2009

Diecinueve poemas escritos en dos horas (10)


Y lo peor de todo es saber
que todo esto se irá algún día,
que se romperán las persianas
y se quedarán bajadas para siempre
y se desconchará el techo
y se fundirán las lámparas
y se filtrará el agua de lluvia desde la calle
y las telarañas se apoderarán de los rincones
y el polvo en los sofás
y alguien cubrirá los muebles
con una sábana blanca
y no habrá ni el eco de una risa
ni un charco de agua de la ducha
en el suelo del baño,
ni un vaso de café con leche
a medio tomar en el lavabo
ni tus pantalones ni mi camisa
arrugados en un rincón.
Nada.
Sólo un recuerdo
o ni siquiera eso
si no hay nadie para recordar.

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23 febrero 2009

Diecinueve poemas escritos en dos horas (9)


Me dices que te llevas la peor parte.
Que cuando salgo estoy gracioso y ocurrente,
que cuento chistes.
Que en casa me quejo de que me duele la espalda
o de que tengo sueño
(¡pero es que tengo siempre tanto sueño!)
Sabes que no eres justo
y te arrepientes
y me dices que has sido duro
y yo te digo que no,
que seguro que llevas razón
y te cuento un par de chistes
que no te hacen ninguna gracia.
Y me abrazo a tu espalda
y me duermo.
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20 febrero 2009

Acuarela marina


En medio del ajetreo, hoy sólo tengo tiempo para improvisar una escena marina, sencilla y escueta: rocas levemente golpeadas por las olas, una barca azul acercándose a la playa y varias gaviotas en espera de los despojos de pescado.
Y la estela de la barca que desaparece suavemente en la superficie del mar.
Las palabras de los pescadores se disipan entre mantos azulados.
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18 febrero 2009

Diecinueve poemas escritos en dos horas (8)



Hoy he hecho brownies.
Tantos que a duras penas
cabían en la cocina.
El horno rezumaba una masa viscosa
achocolatada
y aún quedaba otro poco
para una segunda tanda.
Las vecinas llegaban
con bandejas, tuppers y cacerolas,
y en la calle
una cola tremenda de niños de colegio
con sus mochilas esperaban
su ración calentita.
Luego vino la policía
y salí a recibirles
con un kimono negro
de satén y un mantón de Manila
y un gorro uzbeco
con dibujos geométricos.
Hablaron contigo un rato largo,
sentados a la mesa del salón.
Yo seguí haciendo brownies
como loco
bajo vuestras miradas de reojo,
preocupadas.

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16 febrero 2009

Actuando


Tirarse al vacío,
echarse a la piscina,
descender a los abismos.

Sólo quise probar
la cuerda floja
sin red que me protegiese.
Lo único que pretendí
fue ganar tiempo,
no dejar para última hora
la tarea pendiente.
Pero entré al teatro
y para cuando me di cuenta
estaba al otro lado de las butacas.

Actuando de nuevo.

___________________(enlace al original)

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13 febrero 2009

Diecinueve poemas escritos en dos horas (7)


Entre Wittgenstein y Hegel
pasamos los domingos
(alguno pensará que somos unos palizas)
pero la verdad es que no es para tanto
porque de lo que no se puede hablar
es mejor no hablar,
así que tú sigues con tu Hegel
y yo con mi Wittgenstein
(que es un pez rojo que compré
en el rastro)
y le doy de comer
y la cambio el agua
y le enchufo con la linterna
con la luz apagada
porque me gusta el reflejo rojo
que las escamas reflejan por el cuarto.

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