La taberna del mar: Moebius

21 febrero 2007

Moebius


(Para Pon, por tantas cosas)
Ayer, mientras volvía a casa después del trabajo, por un largo paseo lleno de árboles atípico en Madrid, descubrí, encima de un banco, un chupete blanco con una cadenita de plástico amarilla. Alguien había debido recogerlo y dejarlo allí, a la vista, por si volvía su dueño (o más bien los cuidadores de su dueño). Un poco más adelante, en otro banco ya junto al parque, un babero rosita y amarillo estaba tendido al sol, como una banderola de algún país recién creado. Me hizo gracia y lo relacioné inmediatamente con el chupete, ‘jolín, pues sí que van despistaos’.

Hacia la mitad del parque hay una fuente en la que los mendigos se lavan y que está siempre llena de gorriones, palomas y mirlos. Uno de los mendigos, que siempre me saluda, cogió un zapatito blanco deslumbrante y me lo dio, pensando que yo sabría qué hacer con él (debo tener cara de usar zapatitos blancos de bebé). Lo cogí y lo puse encima de un buzón de correos, a la salida del parque. ‘Va a llegar desnudo el chavalín, menudo despiste’, pensé algo enfadado ya.

Junto a la autovía, colgado de una papelera, me esperaba un pijamita azul, de esos de una pieza con los pies de la misma tela (siempre me han dado envidia, me paso las noches bajándome las perneras del pijama, me molestan). ‘Pues ahora sí que está desnudo, el pobre’. Así, que, cruzando la autovía por el paso elevado, entre unas cajas de cartón en la que duermen algunos hombres oscuros, encontré lo que me imaginaba: un niño de menos de un año, tumbado en el suelo, llorando y gritando.

Lo cogí y volví a cruzar el puente inmediatamente, para ponerle el mono, y ya con el niño vestido, que seguía rabiando, decidí retroceder al parque y ponerle el zapato (bueno, le puse los dos, porque el otro me lo entregó mi camarada el mendigo que lo había encontrado también junto a la fuente). Al final, conseguí también el babero amarillo y ya casi al lado de mi oficina, el chupete, que terminó de aplacar la ira del bebé. Me senté en el banco a recuperarme (desde que lo recogí habían pasado menos de diez minutos). El niño me miraba, se me agarraba al cuello y parecía impaciente por marchar, así que me levanté y recomencé mi camino a casa.

Cuando llegaba al parque el niño empezó a llorar. No me di cuenta de que ya había perdido el chupete.
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8 Comentarios:

Anonymous Anónimo escribió...

A Pon no le habría ocurrido esto, ya sabes, la experiencia...

(cuidado, uno de los zapatitos blancos está bajo la pantalla del ordenador)

2/21/2007 08:21:00 a. m.  
Anonymous El Joven Amaril escribió...

En mi opinión, el personaje adulto, es decir, tú mismo, manifiesta un maternidad latente imposible de satisfacer biológicamente -por ahora- o ese deseo -corriente- de regreso constante, recurrente, a la infancia perdida. Algo así como el "Rosebud" pronunciado "in articulo mortis" por el Ciudadano Kane.

Una historia preciosa.

2/21/2007 09:48:00 a. m.  
Anonymous Anónimo escribió...

yo creo que lo que manifiesta es que le gustan los chupetes

2/21/2007 11:48:00 a. m.  
Anonymous el joven amaril escribió...

Pues la verdad es que existe una cierta connotación sexual en el chupete que resulta interesente. Un anhelado chupete encontrado en mitad de la calle, en un parque, en cualquier lugar, al azar, como si se tratara de una zona de cruising. Habría que profundizar por ahí...

2/21/2007 11:58:00 a. m.  
Blogger MAX escribió...

Ay, que desasosiego...parece una pesadilla. Pues yo no sé que manifiestas ¿tu sí?

2/21/2007 11:58:00 a. m.  
Blogger pon escribió...

Sentada en el rincón de las borrachas bebo copa tras copa, sin parar, sin aliento y sin saber ni cómo se llama lo que me están sirviendo. Sólo sé que cada una sabe mejor que la anterior, que el licor es más puro, el color más tranparente; que no siempre son dulces, y no siempre son cómodas ni siquiera son fáciles, pero cuando veo venir al camarero de los ojos verdes sé que voy a quedarme sentada en el rincón un buen rato más. Bebiendo sin parar, sin aliento y sin saber siquiera cómo se llama lo que me están sirviendo. Sólo sé que cada una.......


Para Serrano, que supo cerrar una casa con ventanas de colores y abrir una taberna frente al mar en la mejor compañía.

Y por tantas otras.


"Frente a mí miro las velas encendidas."

2/21/2007 06:46:00 p. m.  
Blogger José L. Serrano escribió...

te habrás quedao a gusto

2/21/2007 08:22:00 p. m.  
Blogger pon escribió...

Just love, you know...

2/21/2007 09:50:00 p. m.  

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