La taberna del mar: El arte de los locos 10. Simon Rodia y las torres Watts

19 diciembre 2007

El arte de los locos 10. Simon Rodia y las torres Watts

Supongo que recordáis la historia del facteur Cheval, que ya contamos hace unos días. La de Simon Rodia es similar: un arquitecto autodidacta que define cumplir su sueño. “Tenía en la mente hacer algo grande, y lo hice”.

Simon era un italiano que había nacido en 1879 cerca de Nápoles, pero cuando tenía quince años emigró a Estados Unidos junto con su hermano. Pero su hermano murió en un accidente en la mina en Pennsylvania y entonces Simon marchó más al oeste. Primero vivió en Seattle (allí se casó y tuvo tres hijos; se casaría dos veces más), luego en Oakland y finalmente en Los Angeles, probablemente buscando el calorcito de su Nápoles natal. Allí pasó la mayor parte de su vida, concretamente en el distrito de Watts.

Entre 1921 y 1954 dedicó su tiempo libre a construir sus torres (a las que llamó “Nuestro Pueblo”, así, en castellano). A los 75 años, nada más terminar su magnífica obra arquitectónica, se marchó de Los Angeles y nunca más volvió a verlas. Murió en 1965.

Las torres se componen de diecisiete estructuras interconectadas, dos de las cuales miden más de treinta metros, y están construidas con tuberías de acero, cables, trozos de porcelana y cristal, somieres, tejas, botellas y conchas marinas, casi todo encontrado en la basura o aportado por los chavales del vecindario. También usó piezas estropeadas de la fábrica de cerámica en la que trabajaba y trozos de cristal de botellas de Seven Up y Canada Dry. O caminaba siguiendo el recorrido del ferrocarril hasta Wilmington, a 32 kilómetros, para buscar trozos de raíles abandonados. Una mezcla de catedral gótica con minarete indio, con bellísimos mosaicos que harían palidecer a Gaudí.

Rodia trabajaba solo y sin plan. Decía que trabajaba solo porque ni siquiera él mismo sabía qué estaba haciendo. Solo, sin protección, con herramientas inadecuadas.

Los vecinos empezaron a mirar con malos ojos a ese señor que tenía fascinados a sus hijos y empezaron los rumores: que si eran antenas para comunicarse con los japoneses, luego con los rusos, que si había un tesoro escondido. Y seguro que alguna otra cosa más grave. Así que empezó el vandalismo. Y Rodia se fue.

El ayuntamiento decidió derribarlas, pero Nicholas King, un actor de segunda, compró la propiedad y empezó el movimiento de oposición al derribo ante la persistencia del ayuntamiento. El test de resistencia al que fueron sometidas resultó positivo (una grúa fue incapaz de moverlas ni un solo milímetro) y ahora las torres están dentro del Registro Nacional de Sitios Históricos.

Poco antes de su muerte y ajeno a los tejemanejes sobre el futuro de sus torres fue invitado al Museo de Arte Moderno de la Universidad de California en Berkeley. Allí explicó sus técnicas constructivas y decorativas y respondió amablemente a todas las preguntas ante un público entregado, que acabó ovacionándole puesto en pie. Las torres de Simon Rodia se han convertido en un símbolo del distrito de Watts y en una de las visitas imprescindibles para los turistas que llegan a Los Angeles.

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5 Comentarios:

Anonymous Anónimo escribió...

Yo creo que las torres le seguirán sirviendo a Rodia para comunicarse desde donde esté.

12/19/2007 12:20:00 p. m.  
Blogger pon escribió...

Son preciosas!

12/19/2007 05:11:00 p. m.  
Anonymous ☠· escribió...

geniales que genialidad.. y que inmaginacion

5/08/2010 10:01:00 p. m.  
Blogger hector ramirez escribió...

las torres de rodia me an comunicado la esencia creadora de su creador y ese mensage que atrabiesa el tiempo y el espacio me produce emocionante placer

1/14/2012 06:20:00 p. m.  
Blogger hector ramirez escribió...

yo confirmo la comunicacion de rodia atrabes de sus torres. he recivido un mesage que abla aserca del espiritu creador de su constructor, que antena tan buena trnsmitiendo no solo atrabes del espacio tambien del tiempo.

1/14/2012 06:31:00 p. m.  

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