Déjame estar

Dime,
desapacible remolino
surgido de las tempestades,
dime
por qué golpeas
el cristal de la ventana,
por qué intentas
penetrar a través de las rendijas
y por qué me robas
mi más preciado tesoro,
el susurro acompasado
que necesito
para mantenerme a salvo,
el resuello silencioso y tranquilo
que llega desde el dormitorio,
la dulce respiración
que calma mis latidos.
Huye, viento del diablo,
regresa a tus tormentas,
deja que me adormile
con el suave balanceo
de quien comparte mi lecho.
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