
El color oscuro de los muebles de noble madera
es sustituido por un gris apagado
que cubre las paredes del salón,
de entre las anchas y húmedas hojas de los árboles
ya no llega el canto de los gorriones
sino un lejano murmullo de barcos y trenes,
y como poseído por terribles drogas
comienzo a sufrir un miedo irracional,
inexplicable y extraño, cercano a la locura
que no atisbo en quienes me rodean,
lejana y profunda, cercana al miedo
que me hace revivir tiempos antiguos y olvidados.
Pero la canción que tenía que componer para ti
se me está yendo ahora mismo de las manos,
los versos del poema que te quería dedicar
escapan por las rendijas del ventanal,
e intento de nuevo volver en mí,
en vano, cansado,
agotado como los trigales de agosto,
sin esperanza y extenuado,
como los charcos salados que entre las rocas
abandona al sol la bajamar.
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Etiquetas: poesía, zendoia