Lugar de paso

Este semestre he conocido de nuevo la vida. A lo largo del tiempo hay ciertos momentos que cambian la vida, que resucitan las ganas de vivir, que dan fin a una época y comienzo a otra. Uno de esos momentos puede ser un instante, o un par de días, o seis meses, medio año para hacer la metamorfosis.
Esta última temporada he conocido la amistad, como si la conociese por primera vez. Mejor dicho, he conocido la amistad más intensamente que nunca. He leído palabras, he visto imágenes, he escuchado melodías que hacen la vida más bella. He sabido que estoy vivo a cada instante y que hay que vivir todos ellos, como si no lo supiera de antes. Que los sueños, sueños son, y que podemos vivir de ellos en cierta medida, que la vida, vida es, y que necesariamente tenemos que beber de ella.
Medio año puede ser toda una vida, pero también el puente entre dos vivencias, un puente largo y hermoso. Un puente que sirve para atravesar un río ancho y huidizo, por el que pase la vía del tren.
Y cuando el tren cruce el río, que el cristal devuelva mi cara en medio del paisaje, sobre el río reflejando el azul del cielo, a contra luz, para recordar siempre los momentos felices que este tránsito me ha dado y para guardar dichoso las lágrimas vertidas.
Este paso tiene un fin, el momento de tocar otra vez tierra ha llegado. ¿Qué habrá al otro lado de esta transformación?